Entrevista a la arquitecta Emelyn De los Ríos. Ganadora del Premio Marta Scheu Torres, 2018.

Publicado en REVISTA AUS 24 /
Entrevista a la arquitecta Emelyn De los Ríos. /
por Karen Andersen
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En tu trayectoria profesional has aportado al cambio de enfoque en la manera de concebir los espacios públicos en Chile. ¿Cuáles fueron las mayores dificultades al impulsar estos cambios desde la planificación y qué desafíos ves para el futuro?
La mayor dificultad ha sido encontrar la forma de transmitir que el diseño de un espacio público es determinante en la calidad de vida de las personas. Esto parece
fácil y evidente, pero cuando transmites la idea a un político, por ejemplo, él entiende que se trata de progreso económico y esto se traduce en la calidad material de las obras; cuando lo explicas a un arquitecto, él entiende que debe realizar el diseño más innovador; cuando lo dices a un ingeniero, él piensa que eso significa que debe ser el proyecto más rentable en términos de menores costos y tiempos de ejecución para rentabilizar la inversión; cuando lo haces a un profesional del área social, éste cree
que es cuando más personas aprobaron el proyecto; y así sucesivamente.
Encontrar la manera de hacer sentido a todos los actores que atraviesan el proceso de un proyecto de espacio público es lo más complejo. En toda esta etapa de formulación del nuevo enfoque para concebir los espacios públicos, escuchamos atentamente a la diversidad de actores y mostramos, bajo la manera particular de cada uno de ver la calidad del espacio público, el objetivo mayor que estaba detrás de la propuesta: las personas. Es decir, cómo los números demostraban que los proyectos de espacio público estaban gastando más de lo necesario y no alcanzábamos a financiar más obras con la misma cantidad de dinero, ni tampoco llegar a todas las comunas, porque no estamos
atendiendo las necesidades más urgentes. De la misma forma, mostramos cómo un proyecto formalmente innovador no siempre es lo que necesitan las personas, porque no
se habitaban igual que antes; o cómo un proyecto aprobado por toda la comunidad
no representaba los usos que allí se daban. El cambio de enfoque lo seguimos construyendo, y ha sido lo más hermoso de este camino; trabajar en conjunto, compartir y ver cómo, cuando escuchas de verdad, puedes aprender de otros y construir en conjunto. Todos somos valiosos. En este mismo sentido, creo que el desafío más grande para el futuro está en aprender a escucharnos y ponerse en el lugar del otro y de sus deseos. El espacio público es el mejor reflejo de ello: si no te pones en el lugar del peatón cuando diseñas la política de espacio público, no podrás diseñarle a él; si diseñas un proyecto de espacio público solo en tu tablero, no podrá ese diseño servir para muchas personas; si no compartes en la calle con otras personas,
¿cómo vas a saber la experiencia de otros en la calle para diseñar?; si no aúnas voluntades, los proyectos son solo para algunos, en circunstancias que el espacio
público es para todos.
En los tiempos actuales, ¿qué prácticas urbanas crees que están cambiando en los espacios públicos? ¿Ves una necesidad de inventar nuevos tipos de espacios públicos, distintos a aquellos a los que estamos acostumbrados hoy?
Hay bastantes nuevas prácticas que creo están cambiando en los espacios públicos, tanto desde quienes diseñan como de quienes habitan. Veo que existe una movilización y empoderamiento mayor de los ciudadanos, quienes entienden el rol que cumple el espacio público en sus vidas. El identificar que un espacio público incrementa la tolerancia, mejora nuestra calidad de vida y crea prosperidad para todos, ha logrado que se estén desarrollando nuevas prácticas en los espacios públicos. Veo muchas iniciativas realizadas por grupos autodidactas que trabajan a diario impulsando iniciativas de bajo
costo, de implementación rápida y continua y, especialmente, basadas en las necesidades de las personas. En el III Foro Internacional de Intervenciones Urbanas, realizado en Lima este mes, vi decenas de grupos de profesionales y vecinos de diferentes comunidades de Latinoamérica mostrando el trabajo que han realizado para mejorar sus espacios públicos. En el caso particular de Lima, en donde falta una institucionalidad que financie obras de mejoras en los espacios públicos, ha nacido una corriente de pensamiento crítico que ha levantado indicadores, concursos, prácticas, redes de financiamiento, entre otras, con el objeto de lograr ser un referente de la calidad de vida en la ciudad de Lima y de la intervención de la ciudad, generando más y mejores espacios públicos que los ciudadanos puedan disfrutar. Lo están logrando a pasos agigantados, pues han levantado una red que traspasa su frontera y aúna deseos comunes de los diversos países latinoamericanos. En el caso específico de Chile, donde existe una institucionalidad que sostiene financieramente la ejecución y mejoramiento de proyectos de espacios públicos, se han levantado también muchos equipos de trabajo, ciudadanos y profesionales, quienes gestionan el mejoramiento del espacio público basándose en las necesidades de las personas. Esto demuestra, nuevamente, que la necesidad de mejorar nuestros entornos se repite aun en diferentes realidades. Así, también desde dentro de la institución pública, me ha tocado ver que en cada capacitación realizada a lo largo del país, el encantamiento y compromiso de todos los profesionales respecto a las herramientas entregadas por la guía “La Dimensión Humana en Espacios Público”, Minvu Gehl, demuestra que todos buscamos coherencia, y que el trabajo realizado responde a prácticas formales de concebir una obra de espacio público.
Creo en la necesidad de hacer proyectos para las personas; fui educada para ello y creo que ese es mi rol como arquitecto, no tengo otro. Para el caso particular de los espacios públicos, tenemos la oportunidad más hermosa que entrega la arquitectura: conectar a muchas personas a la vez con la forma física de los proyectos. Por ello, tenemos la misión de recoger la mayor cantidad de información posible sobre el comportamiento humano, para lograr hacer mejores ciudades. Somos muchos los que estamos trabajando por recuperar el espacio público de las ciudades, en diferentes escalas, con diferentes herramientas y, especialmente, en diferentes contextos con variadas limitantes, lo que transmite e irradia una nueva manera de hacer espacios públicos en equipo.
¿Cómo ves hoy el rol de los espacios públicos en tantos espacios de expresión ciudadana y de manifestación de luchas sociales? ¿En qué medida el diseño y la gestión de estos espacios en Chile facilita o suprime este aspecto político del espacio público?
Para mí el rol de los espacios públicos es hacer feliz a las personas; no hay otro lugar en la ciudad en donde puedas ser feliz libremente. Expresar nuestros derechos, nuestros deseos, nuestras costumbres, compartir con otros y con los nuestros, nos hace felices. El espacio público es, por esas razones, el espacio donde nos expresamos en conjunto y, por ende, su rol respecto a la manifestación de luchas sociales, en mi opinión, es el mismo: permitirnos ser felices expresándonos en libertad, entendiendo esta libertad como un derecho ciudadano, con facultades y deberes tales como respetar y cuidar el espacio de todos al momento de luchar por nuestros derechos.
Pienso que, actualmente, el Estado chileno ha tenido la preocupación de reservar presupuesto para la construcción y mejoramiento del espacio público, lo cual es un privilegio grandioso, pues ha permitido institucionalizarlo como una necesidad. No obstante, el que se haya concentrado en la calidad material de las obras por mucho
tiempo, no ha permitido facilitar el aspecto político del espacio público. Si bien lo que hemos construido nos ha permitido contar con lugares para manifestarnos, no nos ha permitido aún garantizar la calidad necesaria para entender que las ciudades que mejoran las condiciones de vida de sus ciudadanos, experimentan mejores niveles de prosperidad para los mismos.
En el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU), a través del Programa de Espacios
Públicos, comenzamos a trabajar hace tres años en pensar cómo garantizar la calidad de los espacios públicos que estábamos desarrollando. Esto, con la ilusión de quresolviendo los problemas y fortalezas más urgentes de las ciudades, podríamos llegar a tantos lugares como quisiéramos con el mismo dinero y devolver a las ciudades y localidades los espacios de manifestación ciudadana que los mismos mejoramientos estaban arrancando a las personas.
Creo que incorporar herramientas de escala humana a las políticas públicas, aunque sea a partir de una pequeña línea de financiamiento del MINVU, es un primer paso que permitirá garantizar a los ciudadanos espacios de expresión política. Hoy, dentro del Programa de Espacios Públicos, ya se entiende, comparte y trabajapor tomar decisiones pensadas a la medida de las personas, incorporando normas y condiciones de financiamiento que piensen en diseñar para los usos y costumbres existentes de los lugares, a escala humana, que preserven el patrimonio paisajístico y edificado, que impulsen una movilidad sustentable, y que colaboren con el fomento económico y cultural de ellos.
Pasando al premio Marta Scheu Torres, este es un premio que visibiliza a la mujer en el mundo de la arquitectura y el urbanismo, que hasta hace no mucho fue
exclusivamente masculino. ¿Crees que la mujer aporta una preocupación o visión “distinta” sobre habitar?
No creo que aportemos una visión distinta exclusivamente por ser mujeres, sino más bien porque al respetarse poco a poco nuestra opinión nos vamos sumando cada vez más y más mujeres a decisiones que estaban y están siendo tomadas, en su mayoría, por hombres. La mujer aporta trabajo duro y pasión igual que un hombre o que cualquier ser humano que ama lo que hace, que tiene sueños y es capaz de llevarlos a cabo. En el caso particular del habitar, he visto a hombres y mujeres vibrando y trabajando con la misma convicción y fuerza. La experiencia de vida de cada persona condiciona su forma de actuar, y es la que aporta entregando una diversidad de visiones para construir nuevos proyectos. Sí pienso que en esta nueva época en la que han salido a la luz tantas injusticias con el género femenino tenemos más fuerza y menos miedo a decir lo que pensamos, y eso nos da más espacio para exponer nuestras ideas y ejecutarlas. Ha cambiado la disposición a trabajar en conjunto, por lo que la visión hacia las formas de habitar es ahora más completa y más solidaria. La disposición de las personas que componen un equipo de trabajo se torna cada vez más inclusiva. Creo que estamos en un proceso de cambio largo pero latente, que implica aprender a trabajar en equipo. No seremos nada en un futuro si no trabajamos en conjunto, pues sostenernos en el planeta requerirá de redes colaborativas de trabajo y un pensamiento en pos del bien común.
¿Cómo crees que ha cambiado –si lo ha hecho– la profesión para las mujeres desde
que tú comenzaste? ¿Qué consejos puedes darles a las nuevas arquitectas?
En mi experiencia personal, donde he trabajado casi todo el tiempo bajo el alero de una institucionalidad pública y/o conservadora, las cosas cambian muy lento. No obstante, veo en mi entorno la presencia de muchas mujeres que luchan por sus sueños y los impulsan con inmensa fuerza y pasión. He visto que ha nacido en el campo del urbanismo una fuerza de trabajo independiente de grupos profesionales y ciudadanos, liderada en su mayoría por mujeres empoderadas, lo cual no existía antes, y en eso creo que sí se está generando un cambio importante en la forma de trabajar, desde la raíz, desde donde nace la necesidad y desde donde se instalan las confianzas y los equipos.
Mi consejo para las nuevas arquitectas es solamente que crean en ellas, en sus sueños, y que hagan el bien. Cuando en el diseño de un nuevo edificio, un nuevo espacio público o en el desarrollo de una investigación te pones al servicio de las personas, todo lo
demás se construye por sí solo.

Emelyn Isabel De los Ríos Bravo: Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Chile, titulándose con distinción máxima en 2003. Más tarde, el año 2010, obtuvo el diploma en Planificación y Gestión Urbana Integrada en el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica de Chile. Asimismo, realizó estudios de postítulo en la Universidad de Buenos Aires, Argentina (2015); en el Lincoln Institute of Land Policy en Caracas, Venezuela (2012); y en el Lincoln Institute of Land Policy en Montevideo, Uruguay (2015). El año 2016, gracias a una beca de la Embajada de Dinamarca, asistió a una Master Class de Gehl Architects en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, titulada “Herramientas para el cambio: Ciudades para la gente”. Desde el año 2011 a la fecha se desempeña como Encargada Nacional del Programa de Espacios Públicos de la Dirección de Desarrollo Urbano, Departamento de Obras Urbanas del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, desde donde ha contribuido al mejoramiento de la calidad de vida de las ciudades de Chile, cuestionando con una mirada crítica la forma en que se han pensado las ciudades.
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